Article d'opinió publicat a La Vanguardia el passat 25 de juny i signat per l'escriptor Xavier Bru de Sala.
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Todo territorio digno de ser considerado paisaje está sometido a dos fuerzas contrarias. Por un lado, las que lo destruyen a base de nuevas construcciones no adaptadas, obras públicas, asfalto, planes y polos para el desarrollo. Por otro, la desertización humana. Sin población no hay paisaje, pues el paisaje es el resultado del esfuerzo secular del hombre por vivir de la tierra. A medida que avanza la despoblación, la naturaleza invade, desaparecen los caminos, aumenta exponencialmente el peligro de incendio y destrucción.
Salvar los territorios en riesgo comporta facilitar una cierta densidad humana, acompañada de actividades que equilibren viabilidad y paisaje.
En este o en cualquier otro sentido que implique belleza y coherencia, el Priorat es modélico. En poco tiempo, esta comarca seca, quebrada, en eterno declive, ha pasado de la huida de la juventud a una increíble y ejemplar recuperación. Gracias al tesón de quienes se negaron a marchar, la excelencia de su más preciado producto, uno de los mejores vinos del mundo, y el respeto al paisaje, la integración en el paisaje, la armonía del paisaje. La pulcritud, el mimo, de los prioratenses hacia el paisaje es algo insólito en esta Catalunya destralera.Mientras en el resto de la Catalunya rural se mira ante todo el resultado, sin importar el entorno, en el Priorat cuidan cada detalle, afinan la mirada y la sensibilidad. Esta gente merece de veras un homenaje.
El milagro es mayor si consideramos que el Priorat estaba, y en buen parte sigue estando, por fortuna, dejado de la mano de la administración. La comarca languidecía a ojos vistas, la economía de los viticultores invitaba a largarse sin remisión a aquellas gentes que no necesitan casi ingresos para sobrevivir. Ni había remedio ni se buscaba… cuando unos pocos pioneros entusiastas llegaron a Gratallops. Son ya míticos los nombres de René Barbier, Carles Pastrana, Josep Lluís Pérez, ÁlvaroPalacios o la suiza Daphne Glorian, que tocó la cima del mundo con sólo dos hectáreas de viñedo de baja producción. Más que generosidad, la honradez de los recién llegados les llevó a pagar hasta tres y cuatro veces más por aquella uva que pasó de denostada a preciosa. La salvación, de la mano del entusiasmo, la aventura de unos certeros iluminados, bien acogidos por los autóctonos. Corría el año 1996. El regalo de botas de roble que hizo ÁlvaroPalacios al único bodeguero preexistente de por allí, August Vicent, del Celler Cecilio, para que dejara de vender el vino a granel, marca un antes y un después en el Priorat.
Tan bien se ha gestionado el éxito, que ha saltado ya la noticia de la próxima candidatura del "Priorat paisaje patrimonio mundial" ante la Unesco. Sería, será el primero en toda España, si excluimos los cuatro parques que ostentan la distinción (dos en Canarias, Aranjuez y el palmeral de Elx). Estamos hablando de una comarca aún desconocida. El Priorat es en muchos sentidos el corazón de Catalunya (ahí se levanta el Montsant), pero mientras Barcelona no corrija el gravísimo error de compensar la admiración hacia el norte con el menosprecio del sur, esta realidad seguirá oculta.
No sólo el vino es soberbio en el Priorat. Mediante buenos oficios del geógrafo Rafael López-Monné - el excursionista que ha cambiado los ochomil por la cultura del paisaje, els cims pels camins,introductor entre nosotros del senderismo ilustrado-y asimismo por obra de los hermanos Arola, excelentes editores en Tarragona, descubrí asombrado la recuperación de los caminos tradicionales del Priorat, la mayoría de los cuales reconquistados por el bosque y la maleza, de uso y trazado perdido. Pueden pasear por ellos, y por muchos lugares del Priorat y Tarragona, sirviéndose de las guías escritas por López-Monné, publicadas antes como artículos sueltos en La Vanguardia y recogidas en seis volúmenes por Arola Editors. Además de admirar su trazado por este paisaje y la antigua humildad de aquella obra pública, tal vez se sorprendan de su estrechez. En mi experiencia juvenil, se podía viajar en carro o en carreta por buena parte de nuestro territorio. Nada más falso hasta tiempos muy recientes. Por los camins rals se transitaba a pie o en mula. Ni de Tarragona a Lleida se podía ir en carruaje.
Preservar es cuidar, no abandonar. Ni agredir. El Priorat se salvó de los molinos en el Montsant. Ha dado una gran lección al integrar la nueva arquitectura en el entorno, en las antípodas de la modernez de nuevo rico del Somontano y más allá y acá (con la única excepción del cubo de Bodegas Torres, de una gratuita, vacua, extemporánea, deslocalizada ostentación). En la dirección general de Arquitectura i Paisatge, de ímproba y tan esforzada como poco comprendida labor en este sentido, pueden sentirse satisfechos. El Priorat tiene mucho de modelo que seguir por todos los catalanes.
En estos tiempos de crisis económica, revolcón institucional y perplejidad colectiva, una de las comarcas más desfavorecidas de nuestra realidad está rozando la perfección. Si necesitan algo propio que admirar, visiten el Priorat. No en tropel.
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